domingo, 6 de noviembre de 2011

Whatever Nro 9: El sarcasmo hecho bomba

Enola Gay    -    Enola Gay    -    Enola Gay















Su artillería estaba directamente ligada al arte y más específicamente, a la música. Un bombardeo que duró poco tiempo, como la mayoría de las bandas del momento, en un ataque de expresión que sobrevoló la ciudad de Santa Fe casi a la par del nacimiento de una nueva y fresca movida musical, fuertemente criticada inicialmente por los dinosaurios del “rock” ya instalados desde hacía años en su cómodo sillón folk.
Los pilotos en este caso, formaron en 1984 este nuevo grupo desde las entrañas del barrio “La Lona” y Sargento Cabral. Gustavo (guitarra, que paralelamente tocaba en “La Naranja”), recién salido de la conscripción luego de haber vivido un año en Madrid y su hermano Miguel (batería) se juntan con Gabriel “Pink” Molina en guitarra y voz y Julio “Negro” Mazzei en bajo y bautizan al grupo con el irreverente nombre de Enola Gay luego de que éste último mirando libros de la II Guerra Mundial observa una foto del B–29 mientras trabaja en un cartel publicitario. La palabra “gay” en ese momento, y sobre todo en la ciudad no tenía la impronta posterior y así fue que también, muchos homosexuales se sintieron identificados con el grupo más allá de lo musical (“algunos habitués de la Peluquería de “Pedro Coiffeur” nos empezaron a ir a ver). “Adiós Hiroshima, regreso a la Argentina, aquí no existe ni el asado ni la pizza” era una parte de una de las primeras letras escapada de la mente de Miguel.
El sarcasmo desde el inicio como principal lei motiv. Y obviamente, luego de ensayos de rigor aparece la primera presentación en vivo en el Colegio Berna en el marco de las típicas Peñas. Tema: prohibición de venta etílica. Solución: meter dentro del bombo de la batería todas las latas de birra posible y posterior desastre sanitario tapando las cañerías de los baños del Colegio y hubo corte de luz promovida por las monjas ante tales actos. En esa oportunidad, tocaron algunos temas propios matizados con covers de algunas bandas nacionales que tenían como referencia: Virus, Los Helicópteros y G.I.T. Ellos por ese momento lo llamaron “Música de Pizzería”, aunque seriamente se podría definir como Pop de los ’80 con matices new wave. 
“Pink” arrastraba una marcada impronta de Alan Parsons y Pink Floyd (de allí su apodo), Miguel mas empapado por el Punk Rock se mezclaban con las influencias más “clásicas” del “Negro” y Gustavo de Rolling Stones y The Beatles. El look era una mezcla de todo esto, Rockabilly y los Clash, los cuales fueron fuertemente metidos en la banda por su 1º y único mánager; Leandro Fotti.
Tocan en un recordado festival que se realizó luego del desplome del actualmente restaurado Puente Colgante y son soporte de varios shows de La Naranja en gran parte, gracias a la doble actividad de Gustavo en ambas bandas. Shows en “Acuarela (recordado boliche por su slogan: “música multicolor”) y en “La Estación” con asistencia promedio de un centenar de personas que escuchaban algo diferente a lo que se estaba acostumbrado hasta el momento. Una anécdota risueña y recordada por ellos se dio en LT10, en un programa en vivo (cuyo nombre no recuerdan pero sí que “era el número de teléfono”) llegan  tocar un cover de G.I.T. luego de un pedido telefónico de una oyente habitué, “imposible escucharse y tocar a la par en cabinas separadas”. Esfuerzos titánicos y en vano del “Pitufo” Mussolino para que pudieran tocar y escucharse a la vez.  A la vuelta y cargando los equipos que habían llevado para tal presentación, el padre de Miguel y Gustavo los espera riéndose de la perfomance y haciéndoles escuchar su experiencia radial luego de grabarlos en una cinta: “Nosotros pensábamos que no nos iba a escuchar nadie y fue todo lo contrario”:
Su forma de publicitar la banda? Aerosoles y stencils sin descanso. Mecanismo: “Pink” paraba un bondi y sin subir, le preguntaba al fercho algún destino incierto que esa línea por supuesto no realizaba y luego seguía otra pregunta y así sucesivamente. Atrás del vehículo, la actividad era completamente diferente: stencil y aerosol en mano, dejando el bombardero impreso al menos hasta que lo descubrieran y taparan iba a recorrer varias calles de la ciudad. A la par de esto, el “photoshop” de los ‘80: “el difícil arte de cortar y pegar”  tal cual reza algún afiche de ellos de época.
Con esta formación inicial graban un demo de dos tracks en cinta con Adrián Forni y Horacio Bidarra (“el único estudio que había”): “La casa de la vieja” e “Iropopó” que no era otra cosa que una “curtida” hacia otro grupo del momento que eran una copia local a The Police, los cuales habían realizado comentarios despectivos hacia ellos. “Comentarios de viejo choto”, toma la posta “Pink”. Textual, no falta ninguna aclaración. Ya hacia el año ‘87 ingresan “Bobby” Núñez Souza en la batería y José Giuranacci en guitarra, a la vez que incorporan un teclado a manos de Omar Stamatti. Cambia un poco el eje del grupo, nuevas influencias y se hizo algo más estructurado en parte debido a la experiencia de “Bobby” que también había tocado el bajo en La Naranja (grupo aún en actividad). 
Hubo un recordado show en el Centro Cultural Provincial a fines de 1987 junto a Ruptura (banda antecesora a Carneviva con Daniel Ferronato en guitarra, Lucio Venturini y el “Gringo” Mehring en baterías) con duras críticas publicadas en Diario El Litoral bajo el slogan “Dos caras de un mismo país” del 13 de Diciembre hacia ellos aduciendo: “El grupo que por nombre lleva al mensajero de una de las mayores vergüenzas que el hombre carga sobre sus hombros, ofreció un recital sin matices, sin temas destacables, letras (lo que de ellas se entendió) sin mayores inquietudes, un sonido general asimilable al de cantidad de grupos ignotos que suenan por las FM o como fondo de noticiero de TV, es decir lo que nos quieren imponer los dueños del avión y de lo que llevaba”. Firmado: Antonio J. Brummich. 
Lo cierto, es que a los debutantes Ruptura los seguía gente de “Los de la nuca” (quienes en el intervalo del show entre ambas bandas ofrecieron una declaración de principios), los cuales habían escrachado las paredes del Museo en plan contracultural en una exposición de Picasso y sus aerosoles también llegaron a un automóvil equivocado. Resultado: los persiguieron y prohibieron tocar, algo que Enola Gay hizo oídos sordos y allí se generó este show invitándolos y brindándoles el espacio.
El legado de este bombardero fue un cambio de aire al oído del público local y una transición hacia ya la más consolidada y profesional década del ’90 en lo que a rock se refiere. Quedan en el coeficiente colectivo algunas bombas arrojadas como: “Sudaca de acá”, “Es una diosa”, “Despreciable”, “Con rebenque es otra cosa” (donde incluían en su perfomance en vivo un brazalete políticamente incorrecto), “Sin porrones” (una tarantela  en plan pop rock), “Caracachai”, “Perón, Perón” y “El Negro Bagre”.
Como leerán, su búsqueda fue siempre “cagarse de risa”. Mensaje principal, el sarcasmo. Finaliza todo con esta reflexión: “Si alguno le cantaba a la miseria de los pueblos originarios y le brindaban un plato de comida, nuestra misión era ir y sacarse ese plato y comerlo”. Y sí, finalmente explotó la bomba.-

> Por José I. Alfageme.



:: Enola Gay + Whatever: Miguel De la Riva, Julio Mazzei, José I. Alfageme (de Whatever) , Gustavo De la Riva y Gabriel "Pink" Molina ::

**  Las fotos de la nota fueron tomadas por  Lucas S. Lapalma, en una charla que el grupo realizó con Whatever en un bar de la ciudad. **


martes, 1 de noviembre de 2011

Whatever Nro 9: Discos

El nuevo: 
Jacuzzi Boys – Glazin´





















Celebrados por Jack White e Iggy Pop entre otros, este trío de Miami con nombre risueño acaba de editar su segundo álbum, y si algo es seguro es que al escucharlo instintivamente se nos llenan los sentidos de espíritu animal, contagiado por el salvajismo rockero de sus canciones andrajosas, ladinas e impertinentes con tufillo garagero/punkrocker y surf que llenan de vértigo a Glazin´.
Diez canciones, con eso bastan para dejarnos con un ánimo inmejorable. Este podría ser el disco perfecto para empezar la primavera, y continuar escuchando en el verano a un buen volumen con una cerveza en la mano y las gafas de sol puestas. De bajo presupuesto pero de cuidada producción se van presentando una a una las joyitas del álbum: “Glazin”, “Libras and zebras” y “Los Angeles” materializan su energía penetrante activando nuestras partes motrices: si si, estas canciones se encargan de moverte el cuerpo sin necesidad de sacudirte. El premio especial se lo lleva la balada “Koo koo with you” que cierra el álbum de manera magistral, poniéndole el moño a un disco que transpira rockandroll. -

> Por  Lucas S. Lapalma

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El viejo: 
Todos Tus Muertos - Todos tus muertos





















Lejos, para mi gusto personal, lo mejor de ellos. Creo que encajaba cada pieza en este engranaje: el nombre (tomado de la expresión papal Totus Tuss con los desaparecidos de la dictadura militar), su look, la época, las letras y la gráfica que utilizaban en esos lejanos e inspirados años ’80. La dosis justa preparada por estos científicos del punk oscuro con certeras pinceladas de reggae bien rocker 0% glam con letras ácidas de alto contenido crítico/político y pesadillas en plan mortuorio. Varias de las piezas aquí registradas ya aparecían en su demo en cinta Noches agitadas en el cementerio grabado en directo en el mítico sótano oscuro, El Parakultural a mediados del ’86 y editado por Catálogo Incierto (propiedad de Daniel Melero & Christian Rosas). Este disco completa esta catarsis de música y los lleva un paso adelante del resto de las bandas que conformaban el panorama punk bonaerense del momento incorporando influencias como Crass, Dead Kennedys y Bad Brains en su sonido. Editado por RCA, “Gente que no”, “Tango traidor”, “El féretro” y “Armas (para la paz)” son algunos de los 13 himnos incluidos en esta placa. Ultra – recomendado. -

> Por José I. Alfageme

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 El local:
Particulares Rockin´ Orquesta – Particulares rockin´ orquesta




















Los Santafesinos nos obligan a mover la cabeza de un lado hacia otro en su primer tema “Lo prefiero on the rocks” con un aire a las últimas épocas de Riff y las primeras de AC/DC: sonido poderoso y cristalino que nos golpea. Sin concedernos ningún tipo de respiro nos dan un “Electroshock”. Empiezan a mostrarnos lo versátiles que son con su canción “En la ciudad sin nombre” al implementar un beat “Tex mex” y un poco de “Desert rock”. Cuando creíamos que nuestros sentidos iban a tener un descanso, nos atacan con un tema a toda velocidad que solo nos trae un recuerdo a la cabeza: Motörhead. Una mezcla entre “Ace of spades” y “Bite the bullet” y su respectivo Rickenbacker sonando como un trueno en nuestras entrañas. Ya sabemos por qué su nombre contiene la palabra Rockin; La parte de Orquesta se deja ver en “Joe’s Boogie” con una guitarra jazzera, una base a lo Big Band y arreglos de vientos muy bien logrados que también se van a repetir en “El reflejo de la luna”. El disco sigue y nos sorprende en cada tema, siempre mostrando porque son “particulares”. Disfrútenlo a todo volumen y con un trago, ahh!, eso sí… siempre on the rocks!-

> Por Juan Gonad


jueves, 27 de octubre de 2011

Whatever Nro 9: Stephen Malkmus & The Jicks















Si Sonic Youth y Pixies son dos de los grupos elementales  del indie rock, el tercer eslabón americano de la cadena sería Pavement, en gran parte debido al talento y la inspiración aventurera lograda por las composiciones y letras de su lider Stephen Malkmus.
En Pavement pusieron el ojo los críticos y su mirada las nuevas generaciones de músicos inquietos de principios de los noventas. Para los periodistas el grupo concebía un nuevo término: lo fi, género y nombre en el que se incluiría a bandas como Sebadoh o Guided By Voices, tanto así que Robert Pollard, genio y cabecilla de estos últimos, al igual que Malkmus iniciaron una prolífica carrera solista que los convirtió en músicos de culto signados por los fans de los estilos subterráneos.
Diez años atrás, en mayo de 2001, Stephen editaba su primera placa solista de nombre homónimo en la que demostraba con gran efectividad sus dotes de escritor cínico y divertido a la luz de un puñado de canciones pegadizas un tanto más relajadas que las que pertenecían a Pavement.
Malkmus se desmarcó con gracia y canciones sencillas de la crítica de sus seguidores logrando la aceptación de ellos y de un nuevo público que desconocía hasta el momento su obra, pero caía rendido ante la propuesta indie y folk rock del álbum.
En la actualidad el músico sigue luciendo y calzándose el traje que mejor le queda, el de insitgador de la canción no convencionalque encuentra las melodías perfectas para transmitir belleza y placer a través de sus escudriñados temas. Un ejemplo perfecto, su último álbum Mirror traffic, editado a fines de agosto. Producida por Beck, la placa refleja la evolución del artista acompañado de un excelso presente musical en el que deja bien parado su status y rol de viejo maestro indierockero.

> Por  Lucas S. Lapalma


lunes, 24 de octubre de 2011

Whatever Nro 9: EPG Records















El Efecto Prandtl- Glauert es un fenómeno físico que se produce cuando un cuerpo u objeto en velocidad rompe con la barrera del sonido, produciéndose en consecuencia, un estallido sonoro. Esas son las siglas que se eligieron para crear EPG Records.
Esta idea nació ante la necesidad de organizar un espacio donde los artistas emergentes del under porteño puedan publicar su música, con la intención de difundirlos en sus primeros pasos para que así puedan seguir creciendo, tanto en su calidad musical como en el recibimiento del público.
Dado el confuso momento actual de la escena musical, algunas bandas simplemente necesitaban que alguien confíe en ellos y en su arte.
Para esto se creó una plataforma online, lo que se llama un Netlabel, basado en ciertas ideas que le dan una particularidad al sello:
Se publica sólo en formato EP, o sea, un disco de corta duración (de un máximo de 20/25 minutos) en el sitio del sello y en las redes sociales de descarga gratuita, para así dar a conocer al artista.
Para eso se les pide a los músicos los temas que les sobran, esos que no entran en el concepto LP o álbum de larga duración, aquellas canciones que muestran otra faceta del artista. De esta manera se busca darle un espacio a las producciones artísticas que quizás nunca serían publicadas.
Los encargados del sello se ocupan del diseño de las tapas y contratapas, que poseen otra particularidad distintiva: Mantener la misma línea estética en cada serie de Ep´s publicados. Esta idea fue inspirada en el sello Blue Note, donde los EP´s publicados utilizaban imágenes similares y una misma tipografía, lo que hacía que los trabajos publicados hasta se confundan entre si. A esta presentación gráfica se le agrega una distinción propia, una estética urbana que es acorde al diseño del sitio.

Hasta ahora se publicaron 2 series de EP´s, catalogados por su diseño:
:: Serie Antenas (2010): Cuenta con 13 trabajos publicados de diferentes artistas de diversos estilos, estos son The Movin’ Circles; Los Modniks; Lo.Fi: Delorian Grey; Zentius; Bodie & los Flugelrads; La Burla; Páramo; Violeta Venecia; Sensacional Estreno; Amor & Muerte; y finalmente Asalto al Parque Zoológico junto con Sugar Candy.

:: Serie Círculos Geométricos (principios 2011): Cuenta con una serie de 5 trabajos publicados, los cuales son Pablo Rojo; Trostrigo; Delorian Grey; Fide y Mandarina Tangerina.

Recientemente se comenzó con la tercera serie de EP’s llamado Espacial, en la cual participan artistas como Transmundial; Páramo; Fide, y Nieva Adentro, entre otras a confirmar.
En el sitio de EPG Records encontrarán reseñas de los artistas, con sus tapas, videos (algo que recientemente incluimos) y direcciones para contactarse con gente del sello o los artistas.





> Por Fide (Coordinación General EPG Records) 

miércoles, 19 de octubre de 2011

Whatever Nro 9: Cabaret Voltaire - Red mecca (30 años)






















Los altares grumosos

La historia alternativa, muchas veces escondida, esta dotada de un magnetismo y poder incuestionables. Capas y capas de nombres, obras, momentos, movimientos; un subsuelo de opciones casi infinitas.
En toda esa pshycofauna, definitivamente podemos encontrar entre sus arbustos a los Cabaret Voltaire. Ingleses ellos, formados allá en 1971, ocuparon mayoritariamente el terrero relativo a lo electrónico, al loop, al latino humano mecanizado a través de un organismo artificial.
Al principio de corte mas dadaísta, luego mas inclasificables aún dada su faceta de experimentadores collage, este grupo debe de ser considerado uno de los mas trascendentes e influyentes en la música electrónica, no solo como experimento, sino también como creadores de canciones en un género que todavía no estaba del todo maduro en ese aspecto.
La versatilidad del trío es de larga data, para terminar de convencerse basta escuchar el compilado triple  Methodology '74/ '78  (2003) donde se puede comprobar sus búsquedas sonoras. Tal capacidad de mutar es la misma que les permitió trabajar en sellos tan transgresores como  Mute e Industrial.
Teniendo grabado 2 larga duración en estudio hasta 1981 (Mix-Up y The voice of America), ese mismo año sería parido Red mecca, considerado su obra cumbre, y última grabación con su formación original, ya que luego Chris Watson parte a otros rumbos. Editado por nada mas ni nada menos que Rough Trade, resultó ser su disco más exitoso hasta ese momento. Pero más allá de la pompa de los charts, visto y escuchado, hoy 30 años a la distancia, sigue siendo motivo para perder litros de baba y cambiar de polaridad las neuronas.
Seguramente una imagen que se acerque a la hora de intentar describir el momento de escuchar el disco, sería imaginarse tratando uno de zafarse de no ser consumido por energías extrañas e invisibles, que acechan en la telaraña de hierro. Red mecca suena a eso. A persecución magnética. Una placa gigante de acero que se funde a temperaturas desconocidas, creando un calor sonoro, que quema, que te gusta que te queme.
Claro ejemplo es la sádica “A thousand ways”, una canción de diez minutos cuya médula espinal es un loop que puede volver catatónico a malquiera casi, y un balbuceo melódico con sonidos musicales que parecen nebulosas merodeando. También se escuchan imposiciones rítmicas de tipo post punk (la batería de “Red mask” tiene una acentuación casi calcada a “Insight” de Joy Division), donde hay una brutal insistencia por mantener firme de principio a fin la sonoridad exclusiva que le da esa identidad a la obra. Esa identidad del extremo Incómodo, de mensajes contra la segregación racial y la guerra religiosa, esa meca ensangrentada por el caos y el fanatismo desentendido.
A través de 9 canciones, nueve salmos contracturados, estamos invitados a tratar de peregrinar finalmente hasta aquel lugar de brutal santidad. Un camino de guitarras filosas y ritmos incesantes, inamovibles, inmutables, para marcar el paso seguro. La imagen final, la idea propia de la Mecca que se origina desde la percepción del disco, es única, es de cada uno. Incluso, muchas veces, llegamos al final sin saber en verdad que es o cual es su forma o intención real, ya que “Spread the Virus” nos deja absolutamente mareados para al final vernos frente al pequeño y final “toque de maldad”. Y así, un nuevo amanecer profético.

> Por Luis Meinberg


lunes, 17 de octubre de 2011

Whatever Nro 9: La pluma del viejo Joe




















Mi artista favorito de portadas de rock de todas las épocas. El creador de la mascota más mítica y jamás igualada por cualquier banda en el mundo. Nacido hace 63 abriles en Oregon (U.S.A.), transcurrió su infancia con el lápiz en la mano desde su cuna, según sus propias palabras.
Ya desde pibe, consumía sin parar comics y libros con ilustraciones. Sus favoritos en aquellos lejanos años eran The Phantom, El Príncipe Valiente y Terry y los Piratas. Ya más crecido, su interés en el arte y la pintura creció aún más y su camino se inclinó hacia Dore o Moreau, de quienes absorbería como esponja cierta oscuridad que se vería recién reflejada algunos años más tarde en sus futuras obras.
Los Ángeles sería su ciudad en los años de juventud, hacia fines de los locos años ’60. El ácido y la psicodelia lo abrazarían y le darían su bautismo subsistiendo con su arte aún de manera underground, dando sus primeros pasos. Comenzó ilustrando pósters y exhibiéndolos los fines de semana en un circuito formado por varios artistas que a la par estaban iniciando su camino como él. Llegó a formar una pequeña sociedad con dos tipos propietarios de una imprenta y así llevando su arte un paso más allá aún dentro de su corta experiencia profesional, llegando a publicar uno de sus trabajos en la reconocida revista Time y alimentado su background artístico.
Ya en ese momento, buscó trabajar para algunas bandas, las cuales llegaron a través de su mudanza a los Estudios Pacific Eye & Ear Studios. Allí realiza portadas muy luminosas para diferentes bandas: Captain Beyond y Black Oak Arkansas fueron sus laburos más conocidos en aquellos años.
La psicodelia se iba apagando lentamente entrando los años ’70 y consigo trajo una mudanza al viejo mundo. El hard rock se abría paso y Londres era una ciudad donde las bandas salían por las alcantarillas. Allí se dirigió él, buscando nuevas experiencias artísticas y de vida. Tenía algunos contactos realizados de su etapa anterior, sobre todo de las ilustraciones realizadas para comics y algunas portadas de libros, pero el mundo al que él realmente apuntaba y lo seducía, era el rock.
Formó parte de la agencia Hipnosis, especialistas en diseño de portadas de discos de rock progresivo y algunas bandas como Rainbow, Scorpions y AC/DC. Allí, pudo conocer y trabajar con muchas de las mejores bandas del momento: Nazaret, Led Zepellin y Pink Floyd. Igualmente, lo mejor estaba por llegar… y eso fue alrededor de 1975, cuando conoce a Lemmy Kilmister, que acababa de ser expulsado de Hawkwind y estaba nuevamente en Inglaterra con la idea de armar su propio proyecto. Casualidad? Dos capricornianos se hacen amigos y allí comienza otra leyenda. Intercambiaron ideas y opiniones acerca del logo para la nueva locura que nacía (Motorhead). Un híbrido entre un casco de guerra metalizado con una calavera de gorila y una cruza de can con grandes colmillos, cadenas que adornaban su parte inferior darían paso a un emblema tan popular y fácilmente reconocible como la legendaria lengua de Warhol de los Stones, sólo que del hard rock. Lamentablemente, la unión del artista y la banda se vio alterada por un inconveniente de regalías sobre sus trabajos, iniciado a través de la agencia de management que maneja al grupo y fue así como su firma no volvería a vislumbrarse en las nuevas portadas al menos hasta que las partes no lleguen a un nuevo acuerdo y todo parece indicar que así seguirá el pleito iniciado.
La leyenda continúa, los fans de su pluma extrañamos su firma, ojalá algún bendito día ambos caminos se vuelvan a unir. Larga vida Don Joe Petagno. -

> Por José I. Alfageme.


martes, 11 de octubre de 2011

Whatever Nro 9: Rock y partidismo?


La bronca viene de antaño. Primero fueron los juglares que puteaban contra la injusticia social de los Señoritos Feudales y pintaban de cuerpo entero la época que vivían en sus rebeldes canciones. Más tarde, tipos como Mozart también se burlaban de las ridículas costumbres de los católicos practicantes y su Institución más elevada: la Iglesia. Ya en el ’68, la madre de las revoluciones libertadoras, la música seguía siendo protagonista principal uniendo y creando estrategias contra el poder reinante. Años ’70, los músicos seguían esta línea comenzada y se alzaban a viva voz nutriéndose de jóvenes que se comprometían con ellos para cambiar el orden establecido.
Obviamente que el rock, no podía dejar pasar ante si semejante oportunidad para ser protagonista de un acontecimiento social reinante ya que su  estética enseguida captó los elementos que pululaban en las mentes y transformó los instrumentos eléctricos en fusiles de combate. El movimiento Hippie le hizo “frente” a la política exterior de su gobierno y así fue tomando un aspecto mucho más comprometido que en las dos décadas anteriores trazando un paralelo con los viejos blueseros que lloraban sus penas e injusticias al borde del Río Missisippi. Entrados los ’80, los grupos supieron comercializar aún mejor este “caballito de batalla”.
Argentina no escapó a esto, muchos músicos también comenzaron a incorporar en sus líricas denuncias e injusticias. Algunos se definen a sí mismos como grupos políticamente activos, sean de izquierda o bien, seguidores acérrimos de un nacionalismo independiente y extremo.
Al nacimiento de este movimiento político claramente revolucionario, contribuyeron en gran medida los grupos de punk rock y sus vertientes más politizadas. El eje del debate es la política misma. Ésta, en su vena más profesional, no es más que una aceitada arma comercial, ofreciendo al consumidor un arsenal de elementos que pueden ir desde el más acérrimo patriotismo con sus votos latentes al mejor postor o hasta una abulia social y hueca, conllevando esto, a una confusión generalizada y una cierta clase de manipulación bien craneada. El rock, como cultura, siempre y desde su nacimiento, vivó por la rebeldía innata, el desprecio a los “valores” instaurados y sobre todo, un sentimiento de libertad e independencia absoluta y plena, lo que nos hace pensar en un desapego partidista instantáneo. No more líderes ni héroes. No hay una línea. Esto fue llevando a que esta extrema libertad haya generado un cierto rechazo a nivel social. Muchas bandas han optado por no mezclar sus ideas políticas en su arte y muchos otros utilizan justamente al rock como principal arma para mostrar sus ideales e intereses políticos. Yo creo que la política entremezclada con la música es un derecho y el rock como cualquier expresión artística y cultural está por encima del partidismo mismo ya que no necesita de reglas para definirse a sí mismo.
Igualmente, existe la pluralidad a la hora de elegir qué camino tomar. El rock traspasa barreras de idioma y clases sociales conformando su propio mundo, uniendo a la gente por un profundo sonido, libertad en estado puro e incongruente y tiene, por sí mismo, suficientes argumentos para seguir navegando los enormes mares de la soñada independencia.-

> Por José I. Alfageme.